Integrando la embajada santamariana de productos premium , con certificación de origen y aprobación alimentaria a nivel nacional , el aceite de nuez y los alfajores de nuez «Oro de Yokavil», ambos indispensables para la sana alimentación y sin Tacc, que elabora con «receta ancestral» la familia de Ramona Pico Zossi, mediante la laboriosa y el encomiable trabajo de sus hijas , cuatro «mujeres trascendentales» , llegó a la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho tras una exitosa presentación en Feria Argentina del Alfajor que tuvo lugar en Tucumán adonde arribaron junto a productores de alfajores de Capia por intermedio de la gestión de la Intendenta Erica Yamila Inga , aspirando ahora a sumarse a la vidriera nacional del Mundial del Alfajor, que se celebrará del 15 al 17 de agosto en Buenos Aires.

Pico Zossi quien con gran simpatía y mucho orgullo santamariano, es la figura consular del stand de «Oro de Yokavil» , uno de los más visitados por el turismo nacional e internacional , en diálogo con DIARIO CALCHAQUI enfatizó que «nosotros desde Santa María fuimos los primeros en elaborar el aceite de nuez , según lo certifica el Instituto Nacional de Alimentos y a partir de allí comenzamos a liderar el mercado, en un primer momento como «aceite de nuez» y después logramos la certificación «libre de gluten» que potenció la demanda dado que pueden consumirlo con total garantía ,las personas celíacas «.

El elixir que investigadores aseguran previene contra el envejecimiento y prolonga la vida, contiene según Pico Zossi que lo extrae por prensado en frío de nueces de cultivo orgánico, para resguardar todas sus propiedades como aceite saludable y comestible, porque posee Omega 3, Omega 6, Omega 9 y un alto contenido de Vitamina E , ayuda a reducir el colesterol, los triglicéridos puede contribuir a retrasar el envejecimiento al proteger las células contra los daños causados por los radicales libres. Además, puede ayudar a mejorar la salud de la piel y reducir los signos visibles del envejecimiento, como arrugas y líneas de expresión, al favorecer la producción de colágeno.
El aceite de nuez se recomienda también como aderezo en las comidas y es el preferido de los deportistas de alto rendimiento que lo utilizan para recuperarse de la fatiga muscular.
La fundadora de esta empresa familiar que trasciende al mundo desde Santa María, aconsejó consumirlo por sus propiedades anti-age , en ayunas y con una dosis diaria del tamaño de una cuchara de postre.

El Alfajor de Nuez se proyecta como una original y deliciosa delicatessen
Mientras gesticula con las manos, las mismas que producen delicatessen que deslumbran a quienes lo degustan , la artesana del auténtico sabor santamariano , Ramona Pico Zossi revela su receta magistral y relata puntillosamente que «tras la extracción del aceite de nuez por prensado en frío, sin ningún agregado, ni conservantes, en un método muy amigable con el medio ambiente. Con la torta de nuez que resulta del procedimiento hacemos la harina con la que elaboramos los alfajores rellenos con dulce de leche artesanal, que también están certificados como «libres de gluten o sea Sin Tacc». Oro de Yokavil tambien ofrece en su stand Harina de Nuez, otro producto natural y de numerosos usos en la pastelería.

Una fuente de esencia vital. El Aceite Extravirgen de Nuez se yergue como un testigo silencioso de los caminos ancestrales recorridos por las civilizaciones
Desde los rincones misteriosos del Medio Oriente hasta las aldeas europeas, este elixir dorado ha tejido su propia narrativa, llenando las cocinas de un sabor único y regalando al cuerpo una riqueza de beneficios que trascienden el paladar.
Se remonta a las antiguas tierras de Persia el cultivo inicial del Nogal, un acto que desencadenaría una historia culinaria que se extiende por siglos. Los persas, en su sabiduría milenaria, no solo consideraban la nuez como un manjar nutricional, sino que vieron en sus semillas una fuente de esencia vital, un regalo de la naturaleza que iba más allá de la simple alimentación.
A medida que los persas exploraban los usos de la nuez, descubrieron el arte de extraer un aceite que pronto se convertiría en un elixir de vitalidad. Este aceite de nuez, con su sabor rico y aromático, fue apreciado no solo por su exquisitez culinaria, sino también por sus atributos que se creía conferían vigor y vitalidad a quienes lo consumían. Se convirtió en un símbolo de prosperidad y fuerza, un regalo que otorgaba a los persas la energía para enfrentar los desafíos de la vida. La sabiduría persa se cristalizó en el aceite de nuez, transformándose en un símbolo de conocimiento y prosperidad. Su presencia en los banquetes reales y ceremonias importantes era un tributo a la conexión entre la alimentación y la sabiduría, una filosofía que resonaba en cada gota de este elixir.
Cuando las rutas comerciales se desplegaron como telones de un teatro cósmico, el aceite de nuez se embarcó en una odisea hacia el oeste, hallando su hogar en las mesas de la antigua Grecia. En este fascinante capítulo de la historia culinaria, las nueces no solo eran un festín para el paladar, sino también portadoras de un simbolismo mitológico que conectaba el alimento con la sabiduría y la divinidad en la Grecia clásica. Se consideraban símbolos de sabiduría y divinidad, vinculándose directamente con la diosa de la sabiduría, Atenea.
Se creía que consumir nueces y su aceite no solo nutría el cuerpo, sino que también alimentaba el alma con la esencia misma de la inteligencia divina.
La diosa Atenea, asociada con la sabiduría y la estrategia en la mitología griega, tenía una conexión especial con las nueces. Según la leyenda, Atenea plantó el primer olivo en la Acrópolis de Atenas, y las nueces, símbolos de su poder, eran cuidadosamente guardadas en sus templos. Esta conexión entre la deidad y las nueces reforzaba su estatus como un alimento divino, digno de dioses y mortales por igual. Los festines olímpicos, celebraciones majestuosas en honor a los dioses, veían la presencia destacada de las nueces y su aceite.
Su incorporación en banquetes no solo añadía un toque de sofisticación gastronómica, sino que también servía como un tributo a la divinidad y a la búsqueda eterna de conocimiento que caracterizaba a la sociedad griega. Los antiguos griegos no solo apreciaban las nueces por sus connotaciones mitológicas, sino también por su sabor y textura únicos. Utilizaban el aceite de nuez como condimento en platos gourmet y lo integraban en sus recetas más refinadas, demostrando así que la alquimia culinaria estaba tan arraigada en sus prácticas cotidianas como en sus mitos.
A medida que las caravanas de la Ruta de la Seda cruzaban continentes, el aceite de nuez se filtraba en las cocinas de Asia. En China y la India, las nueces se asociaban con la longevidad y la salud, y su aceite se empleaba en la medicina tradicional como tónico rejuvenecedor.
Era un regalo de la naturaleza que trascendía fronteras y culturas. Durante el Renacimiento, el intercambio cultural en Europa abrió las puertas a nuevos sabores y conocimientos. El aceite virgen de nuez, con su perfil aromático y delicioso, se ganó un lugar de honor en la mesa de las clases aristocráticas y en las cocinas de los más destacados chefs de la época. Su sabor distintivo añadió un toque refinado a la culinaria renacentista.






