Impuso como interventor a Carlos Curci, vocero de la Rural y hombre de Nicolás Pino, hoy muy cercano a la hermana del Presidente.

La designación del vocero de la Rural, Carlos Curci, como nuevo interventor de los medios públicos, que anticipó este Diario desde Casa Rosada implica una toma de control directa de Karina Milei de un sector del Estado en el que la gestión libertaria fracasó de manera estrepitosa.
Karina tiene una relación de confianza total con el presidente de la Sociedad Rural, Nicolás Pino. A su vez, Curci que viene del periodismo agropecuario es amigo de Javier Lanari, el segundo de Manuel Adorni, que también es periodista agropecuario.
El ex interventor de los medios públicos es Eduardo González, que desde que se fue el mendocino Diego Chaer a manejar todas las empresas públicas, no logró avanzar en serio en el ajuste de la estructura, salvo puntuales despidos por persecución ideológica o internas ramplonas de oficina pública.
Chaer responde a Santiago Caputo y se supone que mantiene supervisión sobre los procesos de ajuste y privatización de los medios públicos desde su Secretaría. Mientras que la conducción formal de los medios está a cargo de la Secretaría de Comunicación y Medios del vocero Manuel Adorni y su segundo Lanari.
Pero en los hechos, la secretaría de Adorni y Lanari está intervenida por Santiago Caputo que ubicó como controller a su empleada y fugaz secretaria de Comunicación, Belén Stettler, ahora reciclada con un contrato de locación, pero que ejercería el poder real en el área de Adorni.

El problema es que Caputo, Adorni, Lanari y Stettler, no han logrado establecer un mínimo plan coherente sobre que hacer con los medios públicos, salvo algunos disparates como anunciar la liquidación de Télam, para en rigor limitarse a cancelar su servicio informativo que generaba algunas ganancias y brindaba un soporte importante a los medios del interior -además de permitir difundir la actividad del Estado-, pero mantener una buena parte de sus empleados, que ahora hacen gacetillas para consumo interno de los funcionarios.
Los directivos de la Televisión Pública, Rafael di Leo, Len Cole y Juan Parodia, incluso avanzaron con «coproducciones» de casi nulo rating, pero cuyo manejo económico es según barruntan en off voceros del oficialismo «de escasa transparencia».
Todo estos funcionarios ni siquiera lograron avanzar en la venta de algunos de los valiosos y obsoletos inmuebles que tienen repartidos por todo el país los medios públicos, con cuyos fondos se podrían modernizar tecnológicamente esos medios y concentrar a su personal en espacios más dignos y funcionales.






