Luego de casi tres años con precios por el piso, la fuerte recuperación promete acelerar los proyectos.
El litio prepara la revancha. Luego del desplome del precio desde el pico de casi U$S 80.000 por tonelada alcanzado en noviembre de 2022, la tendencia empezó a dar un giro a partir de mediados del año pasado.
Entre junio y diciembre, el precio de este mineral clave para la fabricación de las baterías que utilizan los vehículos eléctricos se duplicó.
El impulso continuó en lo que va del año con una suba adicional superior al 30%, lo que llevó al precio por arriba de los U$S 20.000 por tonelada.
A esa buena noticia se suma que el precio actual, lejos de ser un techo, podría ser un piso.
Si bien la cotización del carbonato de litio en los mercados internacionales suele ser muy volátil, nada indica que vaya a retomar una tendencia a la baja y mucho menos que vuelva al precio de U$S 8.450 por tonelada registrado en mayo del año pasado.
Ese escenario reabre las expectativas sobre el potencial del llamado «oro blanco» en el país. Con el 13,3% de las reservas globales, siete proyectos ya en producción y más de una decena de iniciativas que entrarán en operación antes de que cierre la actual década, Argentina tiene todas las condiciones para subirse a la nueva ola.
«Con la caída de los precios, en los últimos años muchas empresas con proyectos en Argentina que estaban en etapas muy tempranas decidieron frenar esas iniciativas», dijo Natacha Izquierdo, directora de Operaciones de Abeceb.
«Ahora, la tendencia promete ser la contraria: si bien la mirada en esta industria es a largo plazo, el aumento del precio claramente va a mejorar el pipeline de proyectos de litio y puede darle más ritmo a los que ya están en agenda», agregó.
Argentina cuenta con una serie de ventajas que podría hacer valer en un mercado con mejores precios. Con 4 millones de toneladas, el país es el tercero con más reservas comprobadas de litio en todo el mundo, solo detrás de Chile y Australia, según un informe del Servicio Geológico de Estados Unidos. Tan importante como eso, los recursos en las provincias de Jujuy, Salta y Catamarca están alojados en salmueras con alta concentración de litio, lo que permite una extracción mucho más rentable que la que surge de los depósitos en roca que predominan en Australia y China.
A esas ventajas naturales se suma que Argentina cuenta con una legislación más abierta a las inversiones internacionales que la de sus vecinos. En Bolivia la industria del litio es monopolizada por una empresa estatal, mientras que en Chile la actividad está bajo una normativa de metales estratégicos y los permisos de explotación están dominados por el Estado. «En Chile, hay un tema no menor que es el stress hídrico, y se fijan cuotas de producción; en tanto, en Argentina los minerales son propiedad de las provincias y las provincias dan concesiones a las empresas privadas que pagan un canon o regalías en contraposición, un esquema más amigable para la inversión privada«, dijo Izquierdo.
Esas condiciones atractivas para las empresas quedan reflejadas en el menor costo impositivo de los proyectos en Argentina, más allá de que se mantienen para las exportaciones de litio retenciones del 4,5%.
Según un reciente estudio de Fundar, «la carga tributaria de la Argentina se ubica, en promedio, casi 10 puntos por debajo de la de Chile, país que tiene costos de producción similares».
En el caso de Jujuy, esta diferencia se reduce a 3,5 puntos por la participación de la empresa provincial JEMSE sobre las utilidades. La diferencia se amplía mucho más si la comparación se hace con los proyectos adheridos al Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI). De acuerdo a Fundar, una iniciativa en Salta con los beneficios de ese régimen tendría una carga tributaria entre 24 y 28 puntos menos que en Chile.
Esa brecha, además de reflejar los extraordinarios beneficios de los que gozan algunos proyectos de litio en Argentina, expone hasta dónde podría subir la carga impositiva sin que las iniciativas pierdan competitividad. Hasta ahora, los proyectos de litio adheridos al RIGI son Rincón de Litio, a cargo de la compañía australiana Rio Tinto en Salta, y Hombre Muerto Oeste, operado por la también australiana Galan Lithium en Catamarca. En tanto, Pozuelos-Pastos Grandes y la expansión de Cachauri Olaroz, iniciativas pertenecientes a una empresa conjunta entre la china Ganfeng y la suiza Lithium Argentina, serán presentadas al RIGI a corto plazo.
En cualquier caso, las ventajas naturales y tributarias que ofrece Argentina también tienen sus contrapesos. «El aumento del precio del litio es una muy buena noticia para que puedan avanzar los proyectos dado que el país carga con costos productivos y logísticos muy altos», dijo Roberto Cacciola, presidente de la Cámara Argentina de Empresas Mineras (CAEM).
«El salario que se paga en Argentina versus el que se paga en Chile es más alto en dólares, la energía es más cara y el déficit de infraestructura también juega porque nuestros costos de transporte y de logística son más elevados que en el resto del mundo», añadió.
La insuficiencia de obras en puertos, transporte de energía y acceso al agua representa una carga pesada para proyectos que en muchos casos están ubicados en zonas de gran altitud. «El déficit de infraestructura exige que aumente el nivel de inversiones necesario para sortear las trabas de logística y de energía», señaló Izquierdo. «Otro cuello de botella que podría surgir a mediano plazo, sobre todo si el cobre empieza a moverse, es la mano de obra dado que las empresas deberán competir por recursos humanos finitos», agregó.
Proyectos en aceleración
Sin planes de regulación estatal a la vista que favorezcan un desarrollo del litio con mayor valor agregado, todos los proyectos apuntan a extraer el mineral de la salmuera, procesarlo y exportarlo como carbonato de litio. Con las siete iniciativas ya en operación y una producción superior a las 100.000 toneladas, Argentina es hoy el cuarto productor global, todavía muy lejos de Australia, Chile y China.
Sin embargo, esa distancia promete acortarse. «De acá al 2030 tendríamos aproximadamente 13 proyectos en operación, con los que se sumarían 330.000 toneladas de producción», dijo Izquierdo. «Posiblemente para el 2028 o 2029 ya estemos al nivel de producción de Chile», añadió.
Esas proyecciones de crecimiento acelerado se basan en que, a diferencia de lo que ocurre en Chile, gran parte de las principales compañías a nivel global están instaladas en el país. Además de Rio Tinto, Ganfeng, Galan y Lithium, también están presentes en Argentina la surcoreana Posco, la china Zijing Mining Group, la estadounidense Livent, y las australianas Lake Resources y Allkem, entre otras.
En ese marco, si los precios siguen acompañando, el rol del litio como generador de divisas crecerá con fuerza en los próximos años. Las exportaciones por unos U$S 842 millones registradas el año pasado podrían trepar a unos U$S 6.000 millones en 2035, según proyecciones del gobierno. No obstante, la abrupta mejora del escenario también viene provocando una mayor atención sobre el potencial litífero argentino en medio de la dura disputa geopolítica global en torno al control de los minerales críticos.
En esa línea, el claro alineamiento del gobierno de Javier Milei con la administración de Donald Trump, y el rol de Argentina como potencial colaborador clave en los planes de Estados Unidos para fortalecer su cadena de suministro de minerales críticos, abre algunos interrogantes sobre el futuro de nuevas iniciativas en manos de capitales chinos en el país. Esas dudas tomaron más forma luego de la invitación formulada el miércoles pasado por el gobierno de Trump a Argentina para participar de un encuentro sobre minerales críticos que encabezará el secretario de Estado, Marco Rubio, el próximo 4 de febrero. La reunión, que se desarrollará en Washington, se centrará en fortalecer las cadenas de suministro de minerales como el litio.
Hasta ahora, más allá de la retórica, nada ha cambiado en los hechos. «El gobierno ha sido bastante pragmático», dijo Izquierdo. «Si bien está alineado con el gobierno de Estados Unidos en temas geopolíticos y de seguridad, en los temas comerciales no ha dado muestras contrarias a las inversiones chinas», agregó.
Una muestra reciente de eso es la compra por parte de China Union Holdings de la subsidiaria argentina de la canadiense Lithium Chile en diciembre pasado por U$S 175 millones. Esa operación transfirió el 80% del proyecto de litio Arizaro, en la provincia de Salta.
Precios, la clave
Para que las expectativas favorables se concreten, será clave la evolución de los precios. Luego de iniciar el siglo con precios por debajo de los U$S 2.000 por tonelada, el valor del litio se multiplicó casi por 40 hasta alcanzar los niveles record de fines de 2022. Ese salto activó una larga lista de proyectos, lo que derivó en un exceso de oferta global.
Desde entonces, la menor demanda de vehículos eléctricos que la prevista, en un contexto de mayor capacidad, presionó hacia abajo los precios. Eso llevó a que en los últimos años varios proyectos en Argentina estuvieran en reestructuración o reevaluación.
«Cuando caen los precios, lo que se ve es cambio de mano de muchas firmas, un reacomodamiento de los jugadores que aprovechan esas instancias para hacerse de activos sabiendo que habrá déficit a mediano plazo», dijo Izquierdo. De hecho, en marzo del año pasado, cuando el precio estaba en plena declinación, Rio Tinto completó la adquisición de Arcadium Lithium por US$ 6.700 millones y, con eso, se convirtió en la principal productora de litio del país.
«Hacia adelante, si bien puede haber un incremento adicional del precio del litio, no veo un salto brutal como ha sucedido en el último tiempo con el oro y la plata», dijo Cacciola. «De todas maneras, la mejora del precio del litio va acelerar algunas decisiones de incremento de capacidad productiva y estimulará inversiones en algunos proyectos que venían retrasados, pero estimo un crecimiento en los próximos años que no será explosivo, sino moderado y sostenido».






