Casa Rosada administra la volatilidad financiera con pragmatismo político. Se cierran los períodos de alianzas pero crecen las internas.
El paso exitoso por la Cámara de Diputados del DNU que habilita a un acuerdo con el FMI fue un alivio para el Gobierno. Una victoria en medio de un momento de tensión política y cambiaria. La posibilidad de avanzar hacia un desembolso del Fondo es oxígeno para Javier Milei, una noticia que eclipsa los malos tragos de las últimas semanas. Inclusive los de la última, cuando avanzó la conformación de una comisión investigadora por la estafa $LIBRA y estallaron las internas del bloque libertario.
Si bien en los mercados hay ansiedad por conocer más detalles, el Gobierno se encargó de avisar que durante abril habrá novedades. Expectativas en días de suba del dólar y de volatilidad internacional, que no juega a favor del país.
Pero, además, el acuerdo con el FMI puede ser leído en clave electoral, en tiempos donde la política ya entró en modo campaña y el oficialismo eligió sus caballitos de batalla: la estabilidad económica será su gran bandera, seguido por mostrarse fuerte en materia de seguridad. La venta de dólares en medio de un escenario de sequía de reservas netas era un escollo, máxime cuando buena parte del mercado empezó a leer que el dólar está barato, mientras en paralelo Luis Caputo puso en duda la continuidad del crawling peg del 1% y deslizó un posible sistema de flotación.
La estabilidad del dólar, ancla de la inflación, puede tener más vida y llegar hasta octubre. “Ojo que a mí me dieron u$s11.000 millones y tuve que devaluar igual después de las PASO, en medio del proceso electoral”, advertía esta semana Sergio Massa en sus oficinas de Libertador, desde donde aseguró que seguirá en modo “perfil bajo”.
En concreto, incluso en la oposición creen que más allá de que las negociaciones están en marcha, el FMI puede colaborar con Milei, que la Casa Blanca puede darle también una mano y que el propio Presidente acertó al correr de la negociación al chileno Rodrigo Valdés, director del Departamento del Hemisferio Occidental y el principal escollo para Argentina al momento de cerrar acuerdos.
Bajan el tono también al envío del DNU en vez de una ley. Una coherencia del PJ, que siempre se ufanó del pragmatismo. Entienden en Unión por la Patria (UP) que La Libertad Avanza es minoría en ambas cámaras, que cierra acuerdos a cada rato y cuando se le complica apela al DNU. Curiosidades: hay más pruritos en el PRO, donde el exministro Hernán Lacunza cuestionó a Milei por saltearse la “Ley Guzmán” de 2022.
En el peronismo también calman a los entusiastas que creen que el Gobierno llegará en crisis a octubre. Observan, sí, una merma y un desgaste en su caudal desde el caso $LIBRA en adelante, pero no mucho más. Asimismo, imaginan que para no devaluar y sostener una inflación controlada, saltarán otros tornillos económicos. La producción nacional y un déficit en la balanza comercial, los más probables.
Si bien falta demasiado para las elecciones nacionales, las locales empiezan a dar señales. El cierre de alianzas en la Ciudad fue, en ese sentido, el hecho más trascendente desde lo político. La atomización de la oferta, en especial desde el centro hacia la derecha, y los esfuerzos del peronismo por sostener la unidad, son ejes claves de una compulsa que puede nacionalizarse y que, en el plano porteño, por las candidaturas que se barajan, puede ser una gran PASO para 2027.
No obstante, más que nunca parece primar la máxima de que serán veinticuatro elecciones, y no una. Cierres a la carta por distrito, alianzas diferentes en cada provincia, las locales y las nacionales con lógicas diferentes. Y, en el medio, las incógnitas de la provincia de Buenos Aires.
Sin PASO y ¿desdobladas?
La tesis de que en un adelantamiento de la contienda de Buenos Aires “provincializará” la discusión electoral es descartada por algunos actores relevantes de Unión por la Patria. “La elección provincial de Buenos Aires es una campana de madera. La realidad es que siempre se nacionaliza, más allá de las fechas, porque es resonancia para el resto del país y porque contiene al 40% del padrón nacional”, señalaban en una de los sectores de UP.
Ya hay acuerdo para que este jueves la Legislatura apruebe la suspensión de las PASO, cucarda que de forma inteligente sectores del peronismo no quisieron regalarle a La Libertad Avanza. Generó sorpresa que bajaran al recinto los diputados kicillofistas para acompañar a los libertarios, con proyecto propio para finiquitar las primarias. Llamados de último momento llevaron a que el kichnerismo y el Frente Renovador no dieran quórum, negociaran la presentación de un proyecto de alfiles del gobernador y así se zanjaran las diferencias. “Ruptura, no. Es mucho”, decían en la semana. Desinteligencias, varias.
Los tres sectores deberán ponerse de acuerdo para poner la fecha de las generales, con tres miradas que parecen inflexibles. Cristina insiste con unificar fechas para que el peronismo gane musculatura en la pelea nacional. Tanto los renovadores como quienes responden a Kicillof prefieren evitarlo, no solo por la estrategia de campaña, sino también por cuestiones prácticas. Las nacionales serán con boleta única y las provinciales con las listas sábana tradicionales. Testeos realizados muestran que un votante medio tarda alrededor de 4,5 minutos. Eso obligaría a dividir mesas, quizás extender horarios y hasta ejecutar una doble fiscalización si no se quiere retrasar los envíos de las actas para el escrutinio.
En ese marco, tanto Kicillof como Massa apuntan a desdoblar, pero mientras el primero va por el adelantamiento, el segundo apunta a correrlas hacia noviembre. Uno quiere despegar la puja Cristina vs Milei del eje de campaña. El otro ve el riesgo de que en un virtual adelantamiento los intendentes luego no pongan el mismo esfuerzo en octubre. Lo vivió en carne propia en 2023, con gobernadores que aseguraron legisladores en octubre y para el balotaje se relajaron. “En Buenos Aires se pelea territorialidad”, asegura.
La alianza prácticamente confirmada entre el PRO y LLA en la provincia Buenos Aires obliga al peronismo a abrazarse, aunque sea a los codazos.
El lanzamiento del Movimiento Derecho al Futuro de Kicillof busca mostrar a un vasto sector del peronismo que pugna por una renovación de liderazgos. En La Plata son cautos y ponen siempre paños fríos ante quienes deslizan rebelión o enfrentamiento, o desafío a Cristina. “Es una línea interna, nada más”, aseguran. En la otra vereda pueden hasta comprenderlo en el extremo, pero le endilgan “falta de timming”. “Está bien que quiera mostrarse al frente de un sector, pero corre la agenda mediática a la interna del PJ en un momento de debilidad de Milei”, aseguran. “Además, si quiere ser Presidente tiene que ponerse al frente de todos los espacios, y no solo de uno”, agregan.






