La hermana de Milei promete prender el ventilador y ordenó auditoría de la gestión de Serenellini.
La anunciada salida del periodista llega después de meses de desgaste en su relación con Karina Milei. Adorni podría absorber gran parte de sus funciones, consolidando aún más su poder en el área de Comunicación.
La crónica de una renuncia anunciada: el periodista Eduardo Serenellini presentó este martes su renuncia al cargo de secretario de Prensa de Javier Milei. En su mensaje a través de X, breve y casi protocolar, adujo “razones personales”, pero en la Casa Rosada nadie creyó esa explicación.
La salida del funcionario es el capítulo final de una novela que se escribió en los pasillos del poder, con un guion plagado de intrigas, desplantes y, sobre todo, la omnipresente sombra de Karina Milei, la verdadera arquitecta de su caída.

La renuncia llegó después de meses de desgaste. El nombramiento de Serenellini había sido oficializado en enero de 2024, como reemplazante de Belén Stettler, quien era cercana al asesor presidencial Santiago Caputo. Durante el período de más de un año en el que se mantuvo en el cargo, Serenellini fue cuestionado por referentes del mismo oficialismo. Al punto en el que encargó incluso una batalla con el vocero Manuel Adorni por la asignación de presupuesto.
La salida de Serenellini es el tercer cambio en el Gabinete nacional en menos de dos semanas. El viernes pasado fue eyectado Rodolfo Barra de la Procuración (este martes fue reemplazado por Santiago Castro Videla) y el anterior fue el turno de Ignacio Yacobucci de la Unidad de Información Financiera.

Así y todo, Serenellini no tenía injerencia en la comunicación oficial del Gobierno a pesar de su cargo. Su agenda diaria incluía a cámaras empresarias y organizaciones civiles. Su último cónclave de relevancia había sido hace dos semanas, cuando recibió al presidente de la Sociedad Rural, Nicolás Pino, en medio de una reunión cargada de tensión. En ese momento, el sector agropecuario atravesaba fuertes reclamos por la cesación de pagos de varias firmas del campo, una situación que detonó críticas hacia el gobierno de Milei.
Se pasó de rosca y Karina lo degolló
La foto de Serenellini junto a Pino fue interpretada como un intento desesperado por mantener puentes con un sector clave para la economía, pero también le costó reproches internos: en Balcarce 50 no todos aprobaron que el secretario de Prensa fuera quien encabezara un encuentro tan delicado.
Agenda paralela
Sin embargo, ese gesto fue apenas un paréntesis en un proceso de aislamiento que llevaba meses. A puertas cerradas se le reprochaba una agenda paralela. En Balcarce 50 creían que usaba su rol para hacer lobby empresarial, con viajes frecuentes a provincias donde, según decían sus detractores, mezclaba negocios con su rol de funcionario. Él lo negaba, claro, insistiendo en que todas sus reuniones eran oficiales, pero eso no alcanzó para frenar la operación en su contra.

Un episodio clave fue cuando la secretaria general de la Presidencia descubrió que Serenellini había supuestamente autorizado pauta oficial a través de una agencia de publicidad privada, con pagos millonarios a medios y empresarios que no comulgaban con la línea libertaria, según trascendió en Casa Rosada.
El pecado capital: algunos de ellos estaban vinculados a la gestión de Alberto Fernández y otros, incluso, eran viejos enemigos declarados de Milei.
Otro mazazo llegó en diciembre, cuando Karina le ordenó abandonar el amplio despacho que ocupaba en la planta baja de la Casa Rosada para mudarse al tercer piso, un rincón burocrático reservado para personal administrativo. Serenellini pasó de estar cerca del epicentro del poder a un ostracismo simbólico. La mudanza fue más que una decisión logística: fue un mensaje claro de que su tiempo en el gobierno estaba contado.
Luego llegaron los desplantes. En la jura del canciller Gerardo Werthein, Karina pidió que Serenellini fuera reubicado en la última fila, mientras el vocero presidencial, Manuel Adorni, ocupaba un lugar destacado. Ofuscado, el secretario de Prensa abandonó la ceremonia. Poco después, quedó afuera del brindis de fin de año, una reunión clave para los libertarios, donde sí estuvieron todos los nombres importantes.






