La tradicional gala volvió a reunir a políticos, empresarios y sindicalistas en un clima marcado por la campaña porteña, el dólar inestable y la sombra del FMI. Fue un encuentro sin ministros, pero con armadores clave del oficialismo, libertarios disidentes y gobernadores.
Participaron los embajadores Abigail L. Dressel (Encargada de Negocios de EE.UU.), Wang Wei (China), Julio Glinternick Bitelli (Brasil), Amador Sánchez Rico (Unión Europea), Kirsty Hayes (Reino Unido), Romain Nadal (Francia), Yurii Klymenko (Ucrania) Nicola Lindertz (Finlandia), Dinesh Bhatia (India), Halvor Sætre (Noruega), y Süleyman Ömür Budak (Turquía). Además, Christian Asinelli (CAF), Marianne Fey (Banco Mundial) y Viviana Alva-Hart (BID).
Entre los gobernadores, estuvieron Raúl Jalil (Catamarca) , Martín Llaryora (Córdoba), Rogelio Frigerio (Entre Ríos), Ignacio “Nacho” Torres (Chubut), Leandro Zdero (Chaco). Y vicegobernadores como Rubén Roberto Dusso (Catamarca) , Gisela Scaglia (Santa Fe) y Clara Muzzio (CABA). También concurrieron intendentes como el libertario Diego Valenzuela (Tres de Febrero) y el peronista Fernando Gray (Esteban Echeverría). Y sindicalistas como Gerardo Martínez (Construcción).

El murmullo empezó antes de que se sirviera la entrada. La cena anual de Cippec —un think tank de políticas públicas fundado en 2000—, ese ritual del poder argentino que combina desde hace ya un cuarto de siglo mozos con tiradores y discursos sobre el futuro, volvió a reunir a políticos, empresarios, sindicalistas y consultores en el Centro de Convenciones de la Ciudad de Buenos Aires. Esta vez, el menú fue más denso: a la rosca por las listas legislativas porteñas se sumaron las inquietudes por el dólar, el rumbo económico y la negociación con el FMI. En cada mesa, la consigna era la misma: escuchar, observar y, si se podía, dejar alguna señal.
La elección en la Ciudad fue, sin dudas, el tema más visible. Silvia Lospennato, confirmada como cabeza de lista del PRO, se dejó ver con elegancia y habló lo justo. Ramiro Marra, que encabezará una lista libertaria disidente por la UCeDé —en abierta competencia con la boleta oficial de La Libertad Avanza—, caminó el salón con gesto firme. Su presencia fue una señal: aunque Karina Milei haya bajado su candidatura, él sigue en carrera, ahora con sello propio y en modo desafío.

Hace 20 años que Somos Líderes en Información Política en «Tiempo Real»

Silvia Lospennato, diputada del PRO por la Provincia de Buenos Aires y actual candidata a legisladora porteña
Del lado oficialista, el gran ausente fue Manuel Adorni, vocero presidencial y principal candidato libertario para la Ciudad. El único funcionario nacional que se dejó ver fue José “Cochi” Rolandi, vicejefe de Gabinete, hoy bajo la órbita de Guillermo Francos. También asistió Sebastián Pareja, principal armador libertario en la provincia de Buenos Aires. Unos minutos antes de que comenzara la cena, llegó hablando por teléfono María Ibarzabal Murphy, secretaria de Planeamiento Estratégico Normativo, una de las pocas funcionarias del Ejecutivo que también marcó presencia.
Oscar Zago, jefe del bloque del MID en Diputados, llegó junto a la sorpresa de las listas porteñas: el exdirector técnico Caruso Lombardi. Protagonizaron una escena muy parecida a un pase de comedia: al presentarse en la entrada, Zago por un segundo pensó que se había olvidado el DNI en el auto, pero lo encontró justo a tiempo, en su bolsillo. El episodio no pasó de una anécdota, pero retrató bien el clima general: distendido en la superficie, inquieto por debajo.

Del lado peronista, Victoria Tolosa Paz caminó con naturalidad entre empresarios y dirigentes. Juan Manuel Abal Medina y Guillermo Moreno sumaron sus propios estilos al paisaje justicialista, mientras Alejandro Kim, el candidato a legislador porteño de Principios y Valores, completó el abanico alternativo. Una de las presencias más llamativas fue la de Ofelia Fernández: llegó, se dejó ver, pero evitó hablar con la prensa. Fue un gesto en sí mismo.
El sindicalismo, con bajo perfil, también dijo presente. Gerardo Martínez, líder de la Uocra y actor clave de la CGT, se movió con cautela pero dejó en claro que el clima social empieza a tallar en la agenda. El próximo 10 de abril será el tercer paro general que la central obrera le hará a Javier Milei. Aunque Martínez no se caracteriza precisamente por la combatividad.

Entre tanta rosca, un economista hizo lo suyo. Carlos Melconian, al ingresar, dejó una frase que quedó flotando, en referencia a la volatilidad del dólar y la negociación de Luis Caputo con el FMI. “Me imagino que va a haber es una nueva política cambiaria y un nuevo régimen cambiario”, aventuró. Breve, seco y suficiente para alimentar especulaciones.
Durante la cena, como siempre, hubo discursos sobre equidad, desarrollo y futuro. Pero nadie confundió el protocolo con la política real. La noche transcurrió con una certeza compartida: la campaña ya está en marcha y el poder sigue reconociendo en estos salones un espacio para verse, medirse y tantearse sin decirlo del todo.
Propuestas y llaves para la prosperidad
En la cena anual, que tuvo como anfitrión al conductor Iván De Pineda, y después de las palabras de José Orlando, la directora ejecutiva de CIPPEC habló ante los mil invitados con un discurso que empezó abordando dos escenarios antagónicos: uno deseable, con datos positivos y un país de crecimiento; y otro distópico, con una Argentina que profundizó su decadencia.
En el primer caso, Díaz Langou expuso las posibilidades de un país despegando y mejorando tanto sus indicadores de calidad de vida como mejoras de sus instituciones. En el segundo, la alternativa fue un país fracasando y con pobreza extendida y deterioro general para los ciudadanos argentinos.
“Tenemos la oportunidad de ser la generación que construya los cimientos de esta Argentina próspera del 2050. Pero es más que una oportunidad: tenemos la responsabilidad de construir un legado, un país en el que nuestros hijos y nuestros nietos puedan y quieran vivir. El primer paso es conversar sobre propuestas concretas, especialmente con quienes piensan distinto”, planteó Díaz Langou.
En ese sentido, resaltó que desde CIPPEC “hace 25 años que trabajamos investigando, interpretando esa evidencia, llevando estas conversaciones y sobre todo, tratando de traducir esto a la práctica, para transformar la realidad. Y por eso sabemos que para acercarnos a esa Argentina deseada tenemos que habilitar tres llaves: la estabilidad, el desarrollo y la institucionalidad”.
La primera llave
El primer eje de la propuesta fue la estabilidad económica, que según la directora ejecutiva, requiere avanzar con transformaciones estructurales, entre ellas una reforma del sistema previsional. Señaló que solo una cuarta parte de la población activa logra completar los 30 años de aportes exigidos y que el sistema vigente deja afuera a una mayoría, lo que motivó la implementación de moratorias como parche.
Propuso reconocer los años aportados sin mínimos y avanzar hacia una cobertura básica universal, adecuada al alto nivel de informalidad laboral que, según indicó, alcanza al 40% del empleo en Argentina. También cuestionó el peso de los regímenes especiales, que representan la mitad del gasto previsional previsible, y reclamó criterios objetivos y equitativos para eliminar privilegios.
Según la propuesta desarrollada por CIPPEC, las modificaciones mejorarían la sostenibilidad del sistema y la situación incluso del 80% de los jubilados. “Es una condición necesaria no solo para el equilibrio fiscal, sino también para la estabilidad política”, sostuvo.
La llave del desarrollo
El segundo eje apuntó al desarrollo económico y productivo. Díaz Langou subrayó que el país necesita aumentar su productividad, mejorar su inserción internacional y generar empleo de calidad. En ese sentido, remarcó el potencial de sectores como la agroindustria, la energía, la economía del conocimiento, la biotecnología y la minería, que podrían generar riqueza y empleo si se remueven obstáculos regulatorios y se promueve la inversión.
Advirtió que sin generación de empleo no es posible traducir los beneficios del crecimiento económico al conjunto de la población y planteó que el talento será un recurso estratégico. “Tenemos que pensar desde hoy qué habilidades se van a necesitar en 2050”, dijo, y propuso una transformación profunda del sistema educativo, con énfasis en la enseñanza desde la primera infancia y el fortalecimiento del rol docente.
La directora ejecutiva de CIPPEC también defendió un rol activo del Estado para articular la estrategia de desarrollo y garantizar bienes públicos como la educación, la salud y la infraestructura. “La evidencia es contundente: no hay desarrollo posible sin un Estado que resuelva problemas y piense a largo plazo”, afirmó.
La clave de la institucionalidad
La tercera “llave” que propuso Díaz Langou fue la institucionalidad, entendida como la base para sostener políticas en el tiempo. Sostuvo que es necesario acordar un rumbo compartido entre las distintas fuerzas políticas, respetar los procesos democráticos y garantizar la continuidad de las políticas públicas.
“Todo lo que se arma por decreto, se desarma por decreto. Si queremos que las buenas políticas perduren, hay que invertir tiempo en procesos institucionales legítimos”, afirmó.
También alertó sobre el impacto de la pérdida de confianza en el sistema de justicia. “Cuando la gente deja de confiar en la justicia, el que resuelve no es el juez: es el puntero o el narco”, advirtió. En ese marco, reclamó acuerdos entre partidos para completar las vacantes en la Corte Suprema y recuperar su legitimidad, e hizo un llamado a aumentar la diversidad en su composición: “Es imprescindible que vuelva a haber mujeres en la Corte”.
Díaz Langou cerró su discurso con un llamado a los líderes presentes —entre ellos políticos, empresarios, sindicalistas, académicos y diplomáticos— a asumir la responsabilidad de consensuar un modelo de país. “No hay que reinventar la rueda. Queremos una Argentina próspera. Tres llaves: estabilidad, desarrollo, institucionalidad”, consideró.






