Las elecciones partidarias se acercan y la dirigencia del PJ empezó a proponer nombres. Mientras que esta semana el intendente de Lomas de Zamora, Federico Otermín, propuso a Cristina Fernández, desde las usinas de los gobernadores Insfrán y Ziliotto unifican postura en «la figura de consenso» de la catamarqueña Lucía Corpacci ( in péctore de Cristina y en el Instituto Patria) y la semana pasada el gobernador riojano Ricardo Quintela se autopostuló para cargar sobre sus hombros la estructura partidaria.

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Si bien muchas veces el sello del Partido Justicialista y su conducción fue circunstancial y accesoria, en medio del vendaval libertario puede ser un instrumento que exceda la función electoral. Otro jugador clave, Sergio Massa sostiene su fuerza propia «El Frente Renovador» y mira hacia la calle Matheu desde su «rancho en el Tigre», prescindiendo de movimientos «por ahora».

La conducción del partido justicialista quedó en un limbo. El último presidente que tuvo es Alberto Fernández, que tras la derrota electoral entró en una licencia forzada, antes de que se pudiera definir su sucesor. Por el momento, el partido se sostiene sobre cinco vicepresidencias, una foto de los sectores que lo componen pero que todavía no logran una síntesis: por estatuto, Cristina Álvarez Rodríguez, Axel Kicillof, Analía Rach Quiroga, Juan Manzur y Lucía Corpacci.
El acto de Kicillof en el aniversario de la muerte de Juan Domingo Perón con dirigentes de La Cámpora tuvo la intención de mostrar que, ante el clima político de ajuste fuerte sobre los sectores populares, las discusiones internas superestructurales se aquietaron un poco. Sin embargo, el 17 de noviembre se acerca y las elecciones partidarias hay que llevarlas a cabo y al partido hay que cuidarlo. No vaya a ser que pase como durante la noche macrista cuando Luis Barrionuevo logró intervenir el partido y se quedó con el sello en plena ofensiva del lawfare, durante el mandato de José Luis Gioja.
Una de las opciones que sonó fuerte por el propio peso de su figura es la de Cristina Fernández, quien fue postulada de manera pública por el intendente de Lomas de Zamora. Fue una propuesta “a título personal y como militante”, dijo Otermín en dialogo con este diario . “Me parece que nos simplificaría y nos ordenaría. ¿Qué es conducir? Conducir es ordenar”, sintetizó.
Si bien la expresidenta nunca fue cercana a la estructura del PJ, que muchas veces quedaba anquilosada en comparación con la vitalidad que tenía el movimiento peronista en general, compuesto por todo tipo de organizaciones barriales, estudiantiles, sindicales y culturales, Cristina, tras haber peleado con el sello de Unidad Ciudadana en 2017 contra el PJ, ya en 2019 construyó el Frente de Todos desde el tradicional Partido Justicialista Nacional.
Por lo pronto, si es que la exvicepresidenta así lo decidiera, como suele suceder cuando la figura política es muy grande, el resto de los jugadores tendería a correrse. Pero mientras tanto, otros nombres siguen en danza.
A sabiendas que ni Axel (quien según su armador Carlos Bianco sería el ungido candidato presidencial de Cristina) y que la propia ex- vicepresidenta no tendría- por ahora- ambiciones de conducir el PJ Nacional , los gobernadores «con peso propio» , el ex-Guardia de Hierro Gildo Insfrán (Formosa) y Sergio Ziliotto (La Pampa), piensan en la ex-gobernadora catamarqueña Lucía Corpacci como «figura de consenso» que puede catalizar voluntades y oxigenar la conducción peronista, ampliando el espacio hacia «un gran frente electoral». Insfrán recuerda la legendaria presidencia de Vicente Leónides Saadi.
Uno de los que suena, más allá del AMBA, es el gobernador riojano Ricardo Quintela, un archienemigo de Milei que le prueba el traje a Martín Menem , quien expresó su voluntad de presidir el partido . Quienes lo conocen de cerca «al Gitano» le ven posibilidades ya que aducen que fue uno de los dirigentes con gestión que supo leer rápido el contexto nacional opositor y se ubicó en sus antípodas, junto con el bonaerense Axel Kicillof.
Las realidades económicas de ambas provincias difieren y también sus estrategias ante el ahorcamiento selectivo del Ejecutivo. Esta semana el riojano fue noticia en todos los medios nacionales, a favor y en contra, por la emisión de los «chachos», la cuasimoneda provincial que lo independiza de la escasez de pesos que promueve el gobierno nacional y que funciona como en una economía paralela cuyas empresas estatales mantienen el nivel de empleo. “Hasta el liberal Carlos Maslatón lo festejó”, señalan.
Otra de las virtudes que le destacan es que fue el primero en ir a la Corte Suprema a reclamar contra el DNU, bajo el patrocinio de Raúl Zaffaroni, el ex cortesano enfrentado a los supremos macristas, que lo rechazaron in límine. Fue un intento difícil, casi con la suerte echada de antemano en contra, pero sirvió para marcar que la pelea hay que darla igual.
En la provincia del expresidente Carlos Menem, dinastía que ahora acompaña los destinos libertarios, Quintela tiene en su haber ser el único gobernador que pudo frenar el tarifazo de los servicios. En abril, a través de un decreto, destinó fondos del Estado para que el aumento del precio de la energía no llegara a hogares ni a las empresas.
A todo esto, como en un mundo paralelo a la realidad nacional, Quintela está por aprobar a fin de este mes una reforma constitucional que implementará la paridad de género en todos los cargos, la renta básica universal, servicios básicos garantizados como la luz, el agua y la conectividad que serán considerados derechos universales.






